En la sala de ensayos del Mint Theater, junto a Times Square, en el corazón del distrito teatral neoyorquino, las palabras de Ernest Hemingway han resucitado un capítulo de la historia prácticamente desconocido para la mayoría de los actores que las recitan. Hace apenas dos meses que se han inmerso en las páginas de La Quinta Columna, una de las dos únicas obras de teatro escritas por el premio Nobel estadounidense, ambientada en el Madrid sitiado por los fascistas durante la Guerra Civil española, y que estrenó el 26 de febrero de 2008.
Hemingway residió durante un año junto a muchos otros corresponsales de guerra bajo el precario techo del madrileño hotel Florida, hasta que la capital española cayó en manos franquistas. Y allí decidió situar una obra cuyo protagonista, Philip Rawlings, es un periodista que trabaja como agente secreto para el bando republicano junto a la Brigada Lincoln, inspirado en parte en su propia persona, y que tiene que decidir entre su lealtad a un ideal y su amor por Dorothy Bridges, una reportera rubia y mordaz, retrato de su amante de entonces, Martha Gellhorn. Tras la guerra se convertiría en la tercera esposa del Nobel.
“En Estados Unidos, la Guerra Civil española y, sobre todo, la Brigada Lincoln son un tema tabú. Los voluntarios estadounidenses que fueron a luchar en el bando republicano sufrieron el rechazo social por haber apoyado al bando que perdió, que en el contexto de la guerra fría se convirtió en sinónimo de comunista. Por eso, también la obra La Quinta Columna cayó en desgracia. Hemingway dejó constancia de las atrocidades de ambos bandos, así que ni la derecha ni la izquierda la pudieron capitalizar políticamente y la obra cayó en el olvido”. Lo explica el español Juan Salas, historiador e investigador de la New York University, que a petición del director, Jonathan Banks, se ha encargado de educar históricamente a los actores del Mint Theater, una compañía off Broadway que rescata obras desconocidas o ignoradas.
Kelly Aucoin, actor protagonista, hijo de un ex congresista demócrata, considera que La Quinta Columna tiene mucha actualidad. “Mi personaje es un hombre que cree en un ideal y es capaz de torturar en nombre de ello. Estados Unidos está haciendo lo mismo en Guantánamo. ¿Dónde están los límites? ¿De verdad el fin justifica los medios?”, se pregunta este brillante intérprete que lleva el peso de las más de dos horas de duración del drama.
Cuando Jonathan Banks se puso a investigar sobre la pieza descubrió que sólo había sido representada una vez en Broadway, en 1940 y bajo la dirección de Lee Strasberg, pero en versión edulcorada por la adaptación puritana que hizo de ella Benjamin Glazer, productor y guionista de la película Adiós a las armas, basada en la novela homónima de Hemingway. “Su adaptación de La Quinta Columna fue un desastre, así que Hemingway siempre renegó de ella. Glazer destrozó a Dorothy Bridges, que es un personaje adorable pero con deseos sexuales, algo inconcebible para el puritanismo de la época. Los expertos asumieron que la obra no tenía calidad. Sin embargo, tiene una profunda carga humana y muchas lecturas, aunque sobre todo es una historia de amor en la que se plantea el problema de que quienes deciden entregar su vida a una organización, ya sea la CIA o el partido comunista de entonces, no pueden tener vida privada”. Juan Salas va más allá. “Para mí el concepto de Quinta Columna es el amor. Hemingway era un pijo con ideales. Y en la obra plantea su conflicto interno entre entregarse del todo a la causa, como a él le hubiera gustado, o dejarse llevar por la frivolidad de los de su clase, a quienes también critica en la obra”.
El pasado otoño Banks descubrió una carta en los archivos de la Universidad de Yale en la que Hemingway explicaba detalles sobre su vida en el hotel Florida y resumía así su interés por el teatro, al que nunca más se volvería a dedicar: “Es muy excitante poder escribir sobre un lugar sin tener que describirlo. El crédito se lo llevan el director, el escenógrafo y los actores. Yo sólo me divierto. Ellos hacen todo el trabajo. Es un buen cambio, para variar”.
Fuente: ElPaís.com, 26/02/2008
